Una mujer tras las rejas y la libertad de las ideas

Irlanda Jerez. Foto: Cortesía

Desde que la crisis social y política invadió las agendas personales y colectivas en Nicaragua, las redes sociales ocuparon un lugar privilegiado en la jornada diaria de la gente. No se trataba de una tarea para realizar durante el día, porque la incertidumbre de la noche restaba tiempo a las horas de descanso y sumergía a cualquiera en la maraña de información, compartida en el espacio virtual.

Una noche de tantas, mientras el insomnio hacia suyas las ganas de dormir, llegó un audio a mi WhatsApp personal, quien sabe de dónde, pero había llegado. Era la voz de una mujer que animaba al pueblo de Nicaragua a integrarse en una lucha cívica, exigiendo un alto a la represión y justicia para las víctimas que hasta ese momento se contaban.

Más allá del mensaje, mi sorpresa fue escuchar una voz conocida, aunque no tenía certeza porque el audio había llegado sin identificar a nadie. Fue necesario escuchar dos o tres veces para convencerme de mi sospecha, pues era una voz inconfundible y en mi archivo sonoro nadie más tenía esa autoridad al hablar.

Era tan sólo un audio, aproximadamente de un minuto, pero en post del sonido se formaba en mi pantalla mental la imagen de esa mujer valiente y patriota. Indudablemente que era esa mujer guerrera, concentrando los sentimientos de la mayoría de nicaragüenses e invitando a no guardar silencio frente a la tragedia que se vivía.

Antes de abril del 2018 era difícil imaginarse que alguien tendría el valor de plantarle la cara al gobierno de Nicaragua, especialmente por la franqueza del mensaje y la sencillez del lenguaje utilizado. Tenía que ser una persona con alta sensibilidad aquella que asumiera el desafío de cuestionar al poder, exigiendo su salida inmediata.

Si en el 2017 me hubiera preguntado por el potencial político de la persona, seguramente habría errado en el cálculo, porque la sorpresa invadió a su propia familia. Pero la energía estaba ahí como un volcán en permanente formación y crecimiento, acumulando principios y valores tan necesarios para la construcción de una sociedad más justa.

La familia todavía recuerda a aquella niña juguetona y amorosa, pero de carácter fuerte y siempre decidida a asumir cualquier desafío. Cierto día, cuenta su hermano mayor, Ganímedes, cuando apenas ella tenía seis años ganó un reto entre sus hermanos, comiendo mas chiles cabros que cualquiera.

En su infancia fue una niña como todas las demás, iba a la escuela, hacía sus tareas, pero también ayudaba en un pequeño negocio familiar, asumiendo responsabilidades en una de las áreas del almacén. También tenía tiempo para practicar deportes, en la calle de tierra frente a su casa o en la pista aérea del pueblo en su Siuna natal.

Cuando por cualquier razón era reprendida, nunca mostró ningún gesto de dolor y mucho menos lágrimas en su rostro. Su hermano recuerda que siempre le recomendaban llorar para ablandar el corazón de sus padres y evitar un castigo mayor, pero ella se mantenía firme y con su rostro inalterado por la convicción de ser fuerte ante la vida.

En la escuela y en la secundaria siempre mostró liderazgo y era una referencia para la solución de los problemas en ese mundo sin descuidar su rendimiento académico que le permitía mantenerse año con año entre los mejores lugares. Su ímpetu de no dejarse avasallar le costó, en varias ocasiones, citatorios no deseados en la dirección del centro.

El tiempo, como en todo, dejó atrás los años de secundaria y ella apuntó su mirada hacia la ciudad universitaria de León para estudiar una carrera profesional. Dentro de sus metas siempre estuvo el propósito de coronar sus estudios al más alto nivel, recibiéndose como odontóloga, siendo aún muy joven.

Como una profesional se sintió muy cómoda, pero el espíritu empresarial inculcado por sus padres desde la niñez jamás se separó de ella. En medio de su ejercicio profesional aprovechó sus habilidades naturales en el mercadeo y pronto sintió la necesidad de guardar el título académico para entrar en el mundo de los negocios.

Si usted la encuentra por la calle podrá enterarse que se trata de una mujer esbelta, de una estatura que supera los 170 centímetros, piel blanca y matizada por el sol, cabello ondulado y exuberante. Sus ojos de color negro mantienen una mirada profunda, atenta y observadora de su entorno, pero también del interior de las personas que hablan con ella.

Su propio hermano la describe como una mujer muy guapa por dentro y por fuera, destacando su grandeza espiritual que hace de ella esa mujer extraordinaria, cuya voz circuló enérgicamente en las redes sociales. Es esa misma fuerza de su voz la que evidencia su determinación en cualquier proyecto de vida, sin descuidar que la búsqueda del bien común debe ser uno de tantos objetivos.

Mientras tomamos un par de tasas de café, Ganímedes insiste que la misma familia fue sorprendida por su activismo cívico y que nunca se imaginaron lo que eso significaría. A pesar de las complicaciones, la familia está más unida que nunca y en sintonía con la defensa de los derechos de la ciudadanía, agrega enfáticamente mientras sorbe otro trago de café.

La voz de la mujer guerrera cada vez era más común en las redes sociales, convirtiéndose en una referencia sonora de la lucha del pueblo nicaragüense, aunque casi nadie le había identificado. De pronto, esa voz aparece en un evento público, en medio de una protesta cívica de comerciantes en el mercado oriental y a partir de ese momento se rompe el anonimato y comienzan a circular los videos de Irlanda Jerez.

En el contexto de crisis, Irlanda se convirtió en una referencia por su determinación y liderazgo, animando con sus acciones y palabras para que otras personas despertaran la sensibilidad que permanecía adormecida. Así los medios tradicionales comenzaron a mostrar su imagen en plena actividad de protesta y aportando sus argumentos en entrevistas.

    Irlanda Jerez es una de esas mujeres de voz firme y que motiva e inspira a mucha gente a continuar en la lucha por la justicia social y la libertad. Foto: Costesía.

Desde el 18 de Julio del 2018, cuando la crisis en Nicaragua cumplía tres meses, Irlanda fue detenida ilegalmente en el sector de la Rotonda Cristo Rey de Managua, siendo trasladada hacia la tristemente célebre celda de El Chipote. Ese momento marcó una nueva etapa en la lucha cívica de la fuerte guerrera, ahora desde la cárcel de mujeres La Esperanza, manteniendo la misma convicción por la patria.

“Ella es una presa política” aseguran su hermano y la mayoría del pueblo nicaragüense, porque el pretexto para privarle de su libertad es una aberración jurídica y procesal que debería anularse inmediatamente por carecer de fundamentos lógicos. Esa causa es un ejemplo práctico de cómo en Nicaragua el corcho se hunde en el agua y el plomo flota en la superficie.

No obstante a su condición de privada de libertad, Irlanda se mantiene en pie de lucha cívica desde ese espacio limitado por las barras de metal y las paredes de concreto. Un ejemplo de continuidad es la protesta de Pico Rojo retomada por ella y otras presas políticas, la entonación del Himno Nacional, las oraciones constantes y su resistencia para no ceder frente a los caprichos de quienes le reprimen en ese lugar.

Una carta fue conocida públicamente, por medio de la cual Irlanda hace un llamado al pueblo nicaragüense para mantener la lucha cívica, como ellas lo hacen, en medio de las dificultades naturales de cada día. Esa carta y seguramente la actitud permanente de lucha provocó la ira de las autoridades del penal que arremetieron en contra de la integridad física de las internas, violentando una vez más sus derechos humanos.

Familiares de la doctora Irlanda Jerez, quien es comerciante del mercado Oriental, hicieron pública una carta que escribió la odontóloga desde las celdas del Establecimiento Penitenciario Integral de Mujeres (EPIM), donde se encuentra detenida desde julio pasado.
       Familiares de la doctora Irlanda Jerez, quien es comerciante del mercado Oriental, hicieron pública una carta que escribió la odontóloga desde las celdas del Establecimiento Penitenciario Integral de Mujeres (EPIM), donde se encuentra detenida desde julio pasado.

Irlanda está convencida que las restricciones físicas no pueden jamás limitar al pensamiento; que su cuerpo puede estar tras las rejas, pero sus ideas continúan libres entre su gente y que pronto podrá estar con su familia, soñando con una nueva Nicaragua.

Una segunda taza de café es necesaria para seguir hablando de Irlanda y faltarían muchas más para conocer a plenitud su vida y entender su fuerza de voluntad. Es Irlanda aquella niña intrépida, audaz y valiente la que hoy nos entrega a esa mujer guerrera, tenaz y decidida, cristalina y consecuente con los principios que tanta falta hacen en Nicaragua.

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