La canícula y el fenómeno de El Niño mantienen en déficit al sector agrícola

El déficit de lluvias en Nicaragua continúa afectando principalmente al occidente, el Pacífico y el corredor seco, donde en las últimas semanas la disminución de las precipitaciones ha sido evidente. La situación coincide con el período de canícula y con la influencia del fenómeno de El Niño.

Imágenes satelitales difundidas por especialistas en clima muestran amplias zonas con escasa nubosidad, pérdida de humedad y reducción de la cobertura vegetal. Estas condiciones aumentan la preocupación por el impacto sobre los cultivos y los recursos hídricos.

De acuerdo con especialistas y reportes compartidos por Clima Centroamérica, las próximas semanas podrían mantener un patrón similar. Esto favorecería la expansión de las zonas secas y elevaría el riesgo de incendios forestales y pérdidas económicas para las familias productoras.

La canícula intensifica el panorama

En Nicaragua, la canícula suele presentarse entre el 15 de julio y el 15 de agosto. Durante este período disminuyen las lluvias y se registra un ligero aumento de las temperaturas, especialmente en las regiones del Pacífico, Norte y Centro del país.

El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER) había advertido en su perspectiva climática que el primer período lluvioso de 2026 tendría acumulados por debajo de lo normal y una distribución irregular de las precipitaciones. Además, señaló la probabilidad de condiciones asociadas al fenómeno de El Niño durante este año.

Las imágenes satelitales recientes reflejan un amplio corredor con menor cobertura de nubes sobre el Pacífico y el occidente del país. Especialistas consideran que, si el patrón seco continúa, la vegetación podría deteriorarse aún más durante la canícula.

Productores reportan déficit en cultivos

En comunidades de Somoto, Estelí, Matagalpa, La Concordia y Jinotega, pequeños productores reportan pérdidas importantes en cultivos de maíz y frijol sembrados durante el ciclo de primera. La falta de lluvias impidió el desarrollo normal de las plantas.

Un productor de la zona, que pidió mantener su identidad en reserva, explicó que la semilla logró germinar gracias a las primeras precipitaciones. Sin embargo, posteriormente dejó de llover y gran parte de la producción se perdió por falta de humedad.

Quienes disponían de sistemas de riego o alguna fuente de agua lograron salvar parte de sus cultivos. En contraste, las familias que dependen únicamente de las lluvias enfrentan pérdidas cercanas al 100 % en algunas parcelas.

Esperanza en la siembra de postrera

Los productores mantienen la expectativa de que las lluvias regresen con mayor regularidad para iniciar la siembra de postrera. De ello depende, en gran medida, la producción de alimentos y el sustento económico de numerosas familias rurales.

Especialistas recomiendan dar seguimiento a los pronósticos meteorológicos y esperar que el suelo acumule suficiente humedad antes de establecer nuevas siembras, con el fin de reducir el riesgo de pérdidas.

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Frente a escenarios cada vez más frecuentes de sequía y temperaturas elevadas, expertos también insisten en fortalecer acciones de conservación de los recursos naturales, reforestación, manejo sostenible del agua y adaptación al cambio climático para disminuir la vulnerabilidad del sector agropecuario en Nicaragua.