Cientos de nicaragüenses procedentes de Costa Rica desde el 18 de julio se encuentran varados en la línea fronteriza entre Nicaragua y Costa Rica debido a que el gobierno nicaragüense obviando su responsabilidad constitucional de proteger a sus nacionales impide su ingreso.

Decenas de antimotines y policías se han convertido en la principal barrera que les impide retornar a sus hogares. Así mismo, aproximadamente 200 personas se encuentran en el puesto fronterizo de Costa Rica, también impedidos de avanzar debido al temor de quedarse varados en la línea fronteriza.

Llegar hasta la línea fronteriza es para la mayoría, el resultado de semanas de espera del permiso para salir y movilizarse, debido a la implementación de medidas frente a la pandemia que ha limitado la movilidad humana. Además, llegar a la frontera, luego de haber perdido sus trabajos, producto de esta pandemia ha implicado el uso de los últimos y escasos recursos económicos para cubrir los costos del viaje.

La situación vivida en la frontera es sin precedentes, aunque en los últimos años el régimen se ha caracterizado por impedir el paso de migrantes. En la imagen se observan las inhumanas condiciones que viven los nicaragüenses, durmiendo en el piso y en condiciones no comunes, que esperan el ingreso a su país

 

Como resultado de la crisis generada por el Covid-19, centenares de nicaragüenses se han visto obligados a retornar al país, procedentes de Panamá, Guatemala, Islas Caimán, Costa Rica y otros destinos, siendo la respuesta estatal la imposición de obstáculos inconstitucionales para impedir su ingreso, medidas que han anulado los derechos fundamentales de esta población y que las ha dejado en una situación de desprotección total.

Un equipo del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más ha podido constatar in situ las violaciones a los derechos humanos de la población migrante que legitima y legalmente ejerce su derecho a retornar a su país.

Gonzalo Carrión, presidente del Colectivo Nunca Más, describe la situación como dramática, “una tragedia humana…es una situación que te deja sin palabras”.

Es difícil encontrar las palabras adecuadas para describir una situación que evidencia una vez más el menosprecio a los derechos humanos de la población nicaragüense, una acción gubernamental desprovista de humanidad y de solidaridad y que una vez más deja en evidencia la capacidad sin límites del régimen Ortega-Murillo de hacer daño. 

La situación vivida en la frontera es sin precedentes en la historia nicaragüenses y aunque en los últimos años el régimen se ha caracterizado por impedir el paso de migrantes, especialmente africanos, haitianos y cubanos, provocando crisis humanitarias en la frontera, pero es la primera vez que violando la Constitución y las leyes internacionales niega el paso a sus propios ciudadanos. 

El Colectivo ha podido constatar la falta de condiciones de centenares de mujeres, mujeres embarazadas, hombres y al menos 4 niños y niñas en la línea fronteriza a quienes se les ha negado el derecho a alimentarse y a tomar agua, pues desde Nicaragua se impide incluso que vendedores de comida se acerquen a ellos, la policía ha establecido un cordón para castigar aún más a los migrantes nicaragüenses.

Pese a la pandemia el gobierno nicaragüense no ha implementado una sola medida para mitigar los impactos de la aglomeración provocada por su intransigencia, únicamente un servicio higiénico, cuyo uso es regulado por los policías, siendo el tiempo de espera para su uso de alrededor de cuatro horas. Tampoco se ha brindado atención médica adecuada a estas personas las que a estas alturas presentan signos de agotamiento.

El Colectivo entrevistó a personas que debido a la falta de acceso a servicios higiénicos desde hace varios días decidieron dejar de comer. Asimismo, diversos testimonios dejan en evidencia el abuso de poder de fuerzas policiales nicaragüenses quienes como una forma de acoso y hostigamiento dan patadas a personas sentadas en la línea fronteriza obligándolos a retroceder. Hecho denunciado por decenas de personas y funcionarios costarricenses en la línea fronteriza quienes califican como sin precedentes la situación.

En el sexto día de esta nefasta medida ya no hay alimentos y las fuerzas físicas son cada vez menores, la espera se ha convertido en un tormento a centenares de personas que lo único que demandan es que les dejen seguir, que les dejen llegar a sus hogares y reunirse con sus familias. Han sido 144 horas de hambre, sed, sol y lluvia, pero sobre todo de incertidumbre, pues la única respuesta hasta ahora es que deben presentar una prueba de covid para ingresar a su país.

Posiblemente la principal barrera que encuentran los nicaragüenses varados en la frontera no son las decenas de antimotines que impiden su paso sino más bien la crueldad del régimen nicaragüense que en los últimos días no ha dicho palabra alguna de la situación, contrario a su comparecencia del 18 de mayo en la que dirigió su discurso para demandar que Costa Rica dejara pasar el transporte de carga, varado en la frontera por la implementación de medidas de ese país.

Los nicaragüenses en la frontera viven en carne propia una triple tragedia: la primera la de haber salido de Nicaragua para buscar las oportunidades que su país les negó, la segunda, la de haber perdido todo debido a la pandemia luego de meses y probablemente años de trabajo en los países de acogida y la tercera, la negativa de ingreso a su país del cual salieron, pero del que nunca se desvincularon ni emocional ni económicamente.

Cabe destacar que las remesas constituyen, desde hace décadas, la principal fuente de divisas para el país.  En 2018 el Banco Central de Nicaragua (BCN) informó que las remesas familiares alcanzaron un total de 1, 501,2 millones de dólares muy por encima de cualquier producto de exportación.

Desde ayer una copiosa lluvia cae sobre Peñas Blancas, sin forma de guarecerse de la lluvia los migrantes nicaragüenses en la frontera de pie soportan las inclemencias del tiempo, ayer bajo la lluvia a las 12 de la noche continúan gritando: “déjennos seguir, queremos regresar a nuestras casas”.

La lluvia no ha podido ahogar esta justa demanda de centeneras de personas que sufren la crueldad de un gobierno que se denomina socialista y que defiende con firmeza la libre movilidad de las mercancías, pero que se ha mostrado incapaz de mostrar empatía por una población que ha contribuido tanto al desarrollo del país, ahora castigada por el capricho de quienes les gobiernan.

El Colectivo hace un llamado a la comunidad nacional e internacional para que actúe conforme a esta situación extraordinaria que pone en riesgo la salud e integridad de centenares de personas. Exige al gobierno que de manera inmediata adopte las medidas dirigidas a resolver esta problemática dado que los tiempos de espera y tránsito operan en perjuicio de sus derechos humanos, su salud e integridad y que garantice las pruebas de COVID-19 de forma gratuita dada las condiciones de vulnerabilidad económica de las personas afectadas.

El gobierno nicaragüense debe garantizar un protocolo de ingreso a los nicaragüenses sin afectar sus derechos humanos y garantizando su salud e integridad personal. Finalmente, el Colectivo reconoce y agradece la actuación de la fuerza pública costarricense y de funcionarios de Migración de Costa Rica quienes han facilitado el acceso de alimentos a esta población y que incluso de sus propios medios han provisto alimentos a los migrantes nicaragüenses.