Tensa calma en frontera de Venezuela con Colombia y Brasil

Agencia AFP.

Ureña, Venezuela. Calles desoladas, militares bloqueando vías estratégicas, grupos armados irregulares sembrando el temor: una tensa calma se vivía en poblaciones venezolanas fronterizas con Colombia y Brasil, tras un día de fuertes disturbios por el bloqueo militar a la ayuda humanitaria.

Un cordón de militares venezolanos mantenía bloqueada este domingo la entrada de un puente fronterizo que comunica Ureña (Venezuela) con Cúcuta (Colombia), constató un equipo de la AFP.

En la víspera, la vía de acceso al puente internacional Francisco de Paula Santander fue escenario de violencia, después que efectivos de la militarizada Guardia Nacional y la policía dispersaran con gases lacrimógenos y perdigones de goma una marcha que exigía el paso de ayuda.

Las calles aledañas amanecieron llenas de escombros, vidrios rotos, basura y cartuchos de perdigones y bombas lacrimógenas.

A primera hora, cerca del puente, la carcasa de un bus quemado por manifestantes seguía atravesada en la vía, frente a la vista de un puñado de curiosos que observaba en su camino hacia el paso.

También hubo cruentos disturbios en la vecina población de San Antonio, donde está el principal paso peatonal binacional: el puente Simón Bolívar. Civiles armados atacaron allí a manifestantes.

Escenas similares se vivieron en el estado Bolívar, limítrofe con Brasil, cuyo paso fue cerrado el jueves por orden de Nicolás Maduro tras denunciar “provocaciones” con el ingreso de la ayuda.

Enfrentamientos entre uniformados y pobladores, mayormente indígenas, dejaron en Santa Elena del Uairén tres muertos y unos 50 heridos entre viernes y sábado, denunciaron opositores y ONG críticas al gobierno.

"Santa Elena de Uairén amaneció casi en toque de queda", describió vía telefónica a AFP Olnar Ortiz, activista de la oenegé Foro Penal en la zona.

Ortiza señaló que no está militarizada, pero “hay presencia de colectivos”, como llaman en Venezuela a grupos de civiles armados afines a Maduro.

Maduro había ordenado la noche del viernes el “cierre total” de los cuatro cruces fronterizos del estado Táchira, colindantes con el departamento colombiano de Norte de Santander, para bloquear la asistencia acopiada desde hace varios días en Cúcuta.

Se negó a aceptar la ayuda humanitaria, tildándola de “migajas” enviadas por Estados Unidos para iniciar una invasión militar con el objetivo de derrocarlo.

Los cargamentos fueron solicitados por Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, por medio centenar de países, después de que la mayoría opositora legislativa declarara “usurpador” a Maduro, denunciando su reelección como fraudulenta.

En Ureña, vendedores ambulantes salieron este domingo y en calles lejanas al puente de Santander comercios como panaderías o abastos abrieron sus puertas.

El régimen de Nicolás Maduro ordenó a grupos paramilitares abrir fuego contra los manifestantes y a agentes de policía quemar camiones que cargaban comida para evitar que la ayuda humanitaria donada por la comunidad internacional ingresara al país.

Al menos cuatro personas murieron y otras 285 personas han resultado heridas en el marco de los esfuerzos del presidente Interino Juan Guaidó por conseguir que entraran al país toneladas de alimentos y medicinas a través de la frontera con Colombia, Brasil y Curazao, dijeron diputados.

Pero el saldo de la represión podría ser mayor, ante informes de que los centros de asistencia médica en Santa Elena de Uairén, cerca de la frontera con Brasil, no tienen capacidad para atender el número de heridos que el sábado cayeron víctimas de los “colectivos”, como se conocen en Venezuela las bandas paramilitares al servicio del régimen.

Venezuela sufre una grave crisis económica, con escasez de medicinas y productos básicos y una hiperinflación proyectada en 10.000.000% para 2019, lo que ha provocado la migración de 2,7 millones de personas desde 2015 según la ONU.

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